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Caballos de viento o banderas de oración

Una bandera de plegaria es un trozo de tela rectangular de colores, a menudo enarbolado en pasos montañosos y picos en los Himalayas. Aunque en otras ramas del budismo no se las utiliza, se cree que las banderas de plegaria se remontan al credo Bön, que prevaleció en el Tíbet antes del budismo. ​ Tradicionalmente son impresas utilizando tipos de madera que poseen textos e imágenes.

Los sutras hindúes, escritos sobre tela en la India, fueron transmitidos a otros puntos del mundo.​ Estos sutras, escritos sobre carteles, fueron el origen de las banderas de plegarias.​ La leyenda asigna el origen de la bandera de plegaria al Buda Shakyamuni, cuyas plegarias fueron escritas sobre las banderas de batalla utilizadas por los devas contra sus adversarios, los asuras. La leyenda le podría haber brindado a los bhikku indios una razón para portar la banderola ‘celestial’ como una forma de demostrar su compromiso con ahimsa.

Este conocimiento fue llevado al Tíbet hacia el año 800, y las banderas se comenzaron a utilizar hacia el año 1040, sufriendo algunas transformaciones con posterioridad.​ El monje indio Atisha (980-1054) introdujo la práctica india de imprimir banderas de plegaria al Tíbet y Nepal.

Color y orden
Tradicionalmente, las banderas se encuentran en grupos de cinco, una de cada uno de los cinco colores elegidos. Los cinco colores representan los elementos en la cosmogonía tibetana, y se encuentran ordenadas de izquierda a derecha en un orden específico. Distintos elementos se encuentran asociados con diferentes colores en tradiciones específicas, propósitos y sadhana:

Azul (simbolizando cielo/espacio), Blanco (simbolizando el agua), Rojo (simbolizando fuego), Verde (simbolizando el aire), Amarillo (simbolizando la tierra).

Símbolos y plegarias
En el centro de una bandera de plegaria generalmente se encuentra un “lung ta” (caballo poderoso o fuerte) que lleva tres joyas llameantes (específicamente ratna) en su lomo. El ta es un símbolo de velocidad y de la transformación de la mala suerte en buena suerte. Las tres joyas llameantes simbolizan a Buda, el Dharma (enseñanzas budistas), y el Sangha (comunidad budista), los tres vértices de la tradición filosófica tibetana.

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Malas y rosarios budistas/hinduistas

Por tradición judeocristiana, nos es conocido el término rosario o rezar el rosario. Bien, en las tradiciones budistas e hinduistas, este peculiar “collar de cuentas” se llama mala o japa mala. Decir “la mala” o “el mala” es totalmente secundario pues no tiene género, si bien yo siempre la he conocido como “la mala”.

Pueden ser de diferentes materiales, minerales, maderas, huesos de animales y vegetales, etc. Todas, eso sí, deben tener 108 cuentas o bolitas más el testigo o deidad, que no se contabiliza como tal y unos flecos o borlas que son meramente decorativos.

Nava graha mala o mala de los 9 planetas

Tanto las malas hindúes como budistas coinciden con el número 108, en el caso del hinduismo porque son 108 nombres que recibe el Señor y en el budismo con los 108 pasos para la Iluminación.

Su uso es sencillo, cantar un mantra con cada cuenta hasta completar los 108. Algunas malas tienen contadores, uno para las unidades y el otro para las decenas. Normalmente estas se usan cuando hay una voluntad de cantar, por ejemplo 1080 veces un mantra. Cuando se ha cantado una vez, se pone en el contador de las unidades, un disco, y así hasta completar 10 discos que es su unidad máxima. En ese momento, se usa el contador de las decenas, sumando una hasta completar 10.

Las malas o rosarios no son abalorios ni objetos de decoración corporal, son elementos religiosos o, cuanto menos, parte de la espiritualidad. Cuando se usa colgado al cuello o envolviendo la muñeca debería ser para que la energía acumulada a lo largo de los diferentes cantos con la mala ayude a proteger y cuidar al que la porta.

La japa mala, es la mala de mano o muñeca, no tiene 108 cuentas pero si un múltiplo, 12, 18 o 27 por lo general. Y, como curiosidad, cuando cantamos con la japa, se dice “A japa, japa” y cuando al cantar con la mala “A mala, mala”.

Tienes muchas malas para escoger en este vínculo.